Las elecciones una batalla que a pocos le importa.
Ante el posible resurgimiento del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en los próximos comicios electorales del 5 de julio de este año, el Partido Acción Nacional (PAN), ha desatado una feroz batalla para garantizarse la mayoría en la cámara de diputados y enfilarse hacia los comicios presidenciales de 2012 en mejores condiciones. Los aliados incómodos, que garantizaron el enorme fraude electoral de 2006, la represión al pueblo oaxaqueño y la continuidad del programa neoliberal, destapan sus secretos con el más amplio cinismo característico de la burguesía.
No había iniciado aún el periodo oficial de campañas y todos los medios de difusión nacionales ya hablaban del divorcio político entre estas dos importantes fuerzas burguesas, echando mano de todo tipo de calificativos y artimañas.
Los representantes de los dueños del dinero no discuten en sus descalificaciones y propaganda electoral sobre los precarios salarios e iguales condiciones de trabajo y empleo en nuestro país, mucho menos la situación tan alarmante del desempleo que ya rebasó las cifras récord y las perspectivas de la Secretaría de Hacienda y del Trabajo; tampoco el problema del constante aumento de los precios de la canasta básica que la han colocado en su mayoría por fuera del alcance de la clase trabajadora, así como el precio del diesel, la electricidad y el gas. Es más, viniendo de una gran campaña debido al brote de influenza humana, que colocó a México en los reflectores mundiales, ninguna de estas fuerzas discute o tan siquiera propone, qué hacer ante el precario sistema de salud pública nacional que nuevamente constatado por el pueblo trabajador, y ya sin tocar el tema de la falta de presupuesto para la investigación y la educación, claves para enfrentar una problemática más seria en ese sentido, en un futuro próximo. La discusión entonces está en quien administra el régimen, totalmente íntegro con su programa neoliberal, hambreador y ultra explotador, que atenta enormemente contra los intereses de la clase obrera y los sectores explotados y oprimidos del país.
Un régimen de la desconfianza
Vivimos ante un régimen profundamente antidemocrático, sin lugar a dudas, que se ha garantizado la gobernabilidad a través del ejército y los cuerpos represivos, ante el descontento creciente del pueblo trabajador, que ha visto como se plantean y aprueban reformas lesivas totalmente, concertadas en lo oscurito y validadas en las instituciones del Estado. Un régimen que inició como un pacto entre los dos principales partidos burgueses del país, que de la mano han hecho trizas la seguridad social, la educación, el trabajo; que han promovido el insaciable saqueo de los recursos naturales, como el petróleo, y que tienen a toda la nación viviendo en el terror que implica tener al ejército en las calles, violentando las garantías individuales, reprimiendo cualquier manifestación de descontento o inconformidad por el avance de las políticas hambreadoras y antipopulares.
Este régimen de la alternancia es el que hoy se postra ante los ojos de los explotados para llamar nuevamente a legitimar sus políticas nefastas. Sin embargo, hoy por hoy, la desconfianza impera en la mayoría del pueblo trabajador, que cuestiona enormemente la realidad de acudir este 5 de julio a las urnas.
Aunado a lo anterior, las recientes declaraciones de el ex presidente Miguel de la Madrid en alusión al fraude electoral orquestado en 1988 y la relación del también ex presidente Carlos Salinas De Gortari y su familia con el narcotráfico y la mafia política del país, relaciones que se han desarrollado y mantenido a lo largo de todos los gobiernos burgueses en México, terminaron de acentuar en la población en general, la falta de credibilidad en todo el sistema político de México.
El Instituto Federal Electoral (IFE), creado, por cierto, por Carlos Salinas De Gortari, realiza una desesperada campaña para promover el voto tras las impactantes encuestas que reflejan más del 70% de abstención (en una muy modesta encuesta privada) para los próximos comicios. Es más, tan sólo unos meses atrás, el “renovado IFE” se encontraba en campaña para promover la renovación de credenciales de elector, con el pretexto de caducidad: el famoso “03 renueva”. Sin embargo, desistió tan sólo al observar que la convocatoria tu poco eco entre la población. La campaña señalaba que si no había renovación, no sería posible participar en las votaciones de julio; ahora, públicamente el IFE revira y dice que sin importar la renovación, se podrá asistir a las urnas. Su problema es ¿quién confía en el IFE? ¿Quién confía en el respeto a la voluntad popular por parte del Estado y sus instituciones? Lo único que el pueblo trabajador conoce son los fraudes electorales, la campaña por liquidación de los contratos colectivos de trabajo y el derecho de huelga, la intervención estatal en los pocos núcleos de trabajadores combativos, el abandono del campo, la represión, el encarcelamiento y el despojo. La democracia burguesa vive un severo proceso de descomposición y podredumbre, mismo que no hace más que acentuar la profunda crisis política del Estado.
La crisis capitalista mundial se está llevando de corbata al Estado mexicano que mueve las cifras del impacto de la crisis en nuestro país, casi cada tercer día. Después de la contingencia sanitaria de abril pasado, México estaba formalmente en recesión.
Sin alternativas electorales
Hay una profunda crisis de credibilidad que agudiza la crisis política del Estado. Algunas fuerzas políticas como el PT, PRD o Convergencia, se disputan a las masas populares de inconformes sin plantear, en esencia, nada distinto a los de los otros partidos. Cuestiones tan elementales como el aumento de salarios o el trabajo y el empleo, son dejadas de lado por estas fuerzas que dedican un programa para enfrentar la crisis con medidas que no atacan el problema de fondo, como por ejemplo, que la crisis actual sea pagada por quienes la hicieron, los dueños del dinero, los patrones, el gran capital; sino más bien, con programas enfocados a dar respiro a los ricos empresarios bajo esquemas proteccionistas que garantizan los libres despidos y cesantías. Desde esa óptica, por ejemplo, el problema no es que masas de obreros pierdan el empleo, sino que se les otorgue un seguro contra la desocupación mientras buscan otro lugar donde terminen de exprimirle la fuerza de trabajo. Nada que tenga que ver con impedir los despidos masivos y las cesantías, por una redistribución de las horas de trabajo y por una escala móvil de salarios; medidas que ataquen al capital, como por ejemplo, ocupar la ocupación de fábricas e industrias de las empresas que se declaren en bancarrota, bajo control total de sus trabajadores.
Así como el PRI y el PAN, ni el PRD, el PT o Convergencia, plantean la necesidad imperiosa de echar abajo el Tratado de Libre Comercio que tiene en la miseria a gruesas masas de campesinos en todo México y que además, acarrea un severo problema de soberanía e independencia nacional, que debe conjuntarse con el no pago de la deuda externa que el “presidente del empleo” se ha encargado de engrosar en los últimos meses, con los préstamos solicitados al Fondo Monetario Internacional y también los realizados bajo el pretexto del combate a la influenza humana.
Aunado a esto, ninguno habla sobre la educación pública y gratuita, la represión, la salud pública, etc. Pero los explotados y los oprimidos tienen que escoger entre estas “alternativas” toda vez que estos mismos partidos burgueses han cancelado desde las instituciones del Estado, la posibilidad de registrar candidaturas independientes de trabajadores, revolucionarías o socialistas. Han modificado cuantiosas veces la ley electoral para no enfrentar la pesadilla de ver a los pobres en los parlamentos, restringiendo cualquier posibilidad de utilizar medios de comunicación para difundir sus programas independientes y de clase o cualquier otra cosa que no tenga que ver con ellos mismos.
Grandes sindicatos, en clara prostitución política, se enfilan tras partidos que no representan los intereses de su clase. El caso más paradigmático es el del Sindicato de Trabajadores del Seguro Social que después de vivir varios días evidenciando la precariedad en que los gobiernos actuales tienen sometido a las instituciones de salud públicas tras el brote de la influenza humana, no tardó nada para que su secretario general se enlistara en las plurinominales del PAN. Pero en el mismo caso han estado y están, sindicatos como el de telefonistas o electricistas.
Estas clásicas maniobras pretenden hacerle ver a la clase obrera que una vez que arribe su dirigente al parlamento, su situación cambiará sustancialmente ya que este “comprende la situación de la base trabajadora”. La historia demuestra que no sólo es falso esta premisa, sino que al contrario de las expectativas que un obrero pueda generar bajo esta campaña, los dirigentes sindicales han avalado y profundizado, desde el parlamento, la precaria situación que viven los trabajadores de este país.
Qué hacer ante el escenario de las elecciones próximas
Desde el Grupo de Acción Revolucionaria pensamos que es necesario profundizar el escenario de desconfianza y falta de legitimidad de las instituciones del régimen y canalizar el descontento de las amplias masas de explotados y oprimidos del país, en movilización por la defensa de sus intereses. Llamamos a la abstención en las jornadas electorales próximas, que ante al escenario actual, ratificará enormemente la debilidad institucional del Estado. La abstención, como elemento único no sirve de nada, de lo que se trata es de generar una construcción política con los sectores explotados del campo y la ciudad para retomar nuestros reclamos esenciales y colocarlos en el terreno de la movilización, que deberá ir creciendo cada vez más en función también de la imparable crisis financiera y las también imparables reformas contra los pobres de este país; una campaña para echar abajo las caducas instituciones burguesas y luchar por la construcción de una verdadera democracia, la directa en la perspectiva de la lucha por la revolución socialista. Se trata de una campaña que denuncia el circo electoral tras una perspectiva independiente de las instituciones y los partidos del régimen.
Hoy las tareas de la clase trabajadora, pasan indiscutiblemente por la construcción de un gran Partido Obrero Revolucionario que represente sus intereses y que desde abajo plantee la lucha por la refundación de este país sobre nuevas bases económicas, políticas, sociales y hasta culturales. Será una labor muy profunda encontrar los caminos que nos liguen al conjunto de los explotados y los oprimidos y sus organizaciones, sobre esta tarea fundamental.